Conferencia

 

 

 

 

El Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia nos ayuda a entender que un discurso es la facultad de usar la mente (el razonamiento) para reflexionar o analizar los antecedentes, principios, indicios o señales de cualquier asunto con el fin de entenderlo. Cuando reflexionas, estás discursando, es decir, aplicando tu inteligencia, para entender un asunto y hasta para ser capaz de explicarlo inteligentemente a otras personas. Es una tarea que realizas en el interior de tu mente, una línea de razonamiento

 

 

Conferencia es...

 

Cuando expones los resultados de tus reflexiones ante una o más personas, se trata de un "discurso". Se limitan a escucharte y usar su inteligencia para discernir lo que dices. Pero cuando implica dialogar con tus oyentes se convierte en una "conferencia", porque "conferencia" significa básicamente conversar y ese es el sentido principal que le damos en Oratorianet.com para diferenciarla claramente del discurso.

 

Si anuncias tu presentación como un "discurso", pero al final del mismo permites tiempo para una sesión de preguntas y respuestas, el "discurso" se convierte en una "conferencia", porque implica diálogo.

 

Pero ten cuidado, si anuncias tu presentación como una "conferencia", los instruidos supondrán que toda la reunión estará matizada por una conversación fluida entre el orador y el auditorio y pudieran interrumpirte a cada rato con preguntas o comentarios.

 

Por eso, si anuncias tu presentación como un "discurso", pero al final del mismo permitirás tiempo para una sesión de preguntas y respuestas, el que preside la reunión debe indicar claramente el protocolo que se seguirá.

1) Se permitirá que el auditorio interrumpa en cualquier momento, ya sea para hacer preguntas u ofrecer comentarios cuando lo deseen los oyentes, porque al final no habrá sesión de preguntas y respuesta.

 

2) Sírvanse anotar sus preguntas en una libreta, porque el orador invitará al auditorio a hacer preguntas y ofrecer comentarios al final de cada punto principal.

 

3) Sírvanse acercarnos sus preguntas o comentarios en una hojita de papel, porque el orador seleccionará las más relevantes y se concentrará en estas por 5 (10 ó 15 minutos) al final de su discurso

Existe una conferencia sin diálogo?

 

En cierto sentido sí. Pero para entender lo que es la conferencia sin diálogo es importante entender primero lo que es un "discurso" y lo que significan las preguntas retóricas. Ya vimos arriba lo que es un "discurso". Veamos lo que son las preguntas retóricas.

 

Una pregunta retórica es una pregunta que el orador hace sin esperar que el auditorio la responda audiblemente. Es un diálogo mental. Por ejemplo, dice: "¿A buen entendedor?", pero no dice lo que sigue, esperando que el auditorio responda mentalmente: "¡Pocas palabras!".

 

Ahora bien, no solo hay preguntas retóricas, sino toda clase de expresiones retóricas. Por ejemplo, cuando decimos: "Sabemos lo que sucederá si no bebemos agua por varios días" (el auditorio piensa: "Nos morimos" o "nos deshidratamos"); o cuando decimos: "Si uno salta sin paracaídas desde un avión, no puede esperar caer como una plumita" (el auditorio piensa: "¡Por supuesto, se matará!"). Ha ocurrido un diálogo mental entre el orador y el auditorio. Lógicamente, esto implica un manejo hábil de la pausa.

 

Por lo tanto, aunque no ocurre un diálogo audible (verbal), sí está ocurriendo un diálogo mental, retórico. El orador sintoniza a nivel mental y emocional con el auditorio y no necesita que este responda audiblemente, porque sabe o intuye casi exactamente lo que la mayoría está pensando. No por ser un adivino, sino porque la experiencia le ha permitido alcanzar un profundo conocimiento de la mentalidad del oyente promedio. De esta manera, aunque sus oyentes no le respondan verbalmente, ellos saben lo que él está pensando y le responden mentalmente. Está ocurriendo una verdadera conferencia o comunicación porque las ideas están de hecho fluyendo en ambos sentidos.

 

Ilustrémoslo con lo que ocurre con un conferenciante en lenguaje de señas que hace una presentación ante un auditorio de audio impedidos. No hay voz, no hay sonido, pero el público entiende perfectamente lo que quiere decirles porque están captando las ideas y reaccionando a ellas con igual facilidad como sucedería si estuviesen escuchándolo. Algo similar ocurre con el lenguaje retórico. El orador y el oyente fluyen en su comunicación con un intercambio de ideas, no de palabras solamente, cumpliendo el propósito de la presentación. De modo que se la considera "conferencia" aunque no esté ocurriendo un diálogo verbal, porque el orador está manifestando y despertando en sus oyentes la empatía requerida.

 

Sin embargo, si el orador simplemente les habla o se dirige a ellos leyendo de un escrito o diciéndoles lo que piensa u opina, sin establecer una comunicación mental y/o emocional de doble vía, se trata nada más de un discurso o monólogo, la marca del inexperto. Hasta evade el contacto visual.

 

Por eso algunos "discursos" resultan a veces tan aburridos. Porque el orador simplemente se limita a hablar y hablar y hablar, explicando sus ideas y los resultados de sus investigaciones en un interminable monólogo que no contempla un intercambio intelectual en tiempo real. Aunque propone excelentes ejemplos, no está dando una conferencia porque no ha establecido un contacto de doble vía. No se trata de una "conferencia".

 

Si el público se retira diciendo: "¡¡Qué buen discurso!! ¡¡Voy a poner en práctica lo que el orador ha sugerido!!" muy probablemente se debió a que, aunque no hubo un diálogo audible, se trató de una conferencia magistral. Ha movido a acción.

 

Solo las conferencias magistrales alcanzan ese nivel porque los docentes y oradores experimentados encienden y fomentan desde la introducción un diálogo mental con sus oyentes con un intercambio fascinante de pensamientos, rico en información nutriente. Un orador magistral no se inmuta ante la interrupción o pregunta difícil de algún oyente bienintencionado que desea saber más. Si tiene la respuesta y puede dársela en ese momento, se la da en tiempo real. Si no puede dársela en ese momento, de seguro le indicará en qué momento de la conferencia se la dará, ya cuando termine de considerar el punto principal o hacia el final de la conferencia; o tal vez le dé pistas para que busque la respuesta en la biblioteca o en Internet. Y si no la tiene, será franco y le prometerá buscarla y enviársela por correo.

 

Siendo que la conferencia procura un diálogo con los oyentes, usualmente contiene más elementos de motivación que un discurso, que suele ser más bien frío y directo, sin esperar una respuesta o reacción del oyente. Viéndolo desde este punto de vista también podríamos decir que en cierto sentido el discurso va dirigido con lógica principalmente a la mente, mientras que la conferencia va dirigida con ilustraciones y preguntas principalmente al corazón, al centro de los motivos. Generalmente un discurso hace un llamado al razonamiento, mientras que la conferencia, al corazón.

 

Bla, bla, bla, bla

 

El palabrero es un discurstante que rellena prácticamente todos los espacios con palabras. Rara vez hace pausas de reflexión. Sus presentaciones están saturadas de explicaciones y argumentos convincentes, pero carecen casi por completo del calor de amistad y tono conversacional típicos de una conversación. Hablan al auditorio en vez de con el auditorio. Su actitud suele dar la impresión de satisfacer una necesidad personal de hablar, no de compartir o intercambiar algo contigo. Solo parece un mensaje unidireccional, un "yo hablo y tú escuchas", no un "conversemos".

 

Ahora bien, es cierto que no es posible conversar con mil personas, pero a menos que realmente se trate de un anuncio unidireccional, en que el auditorio solo debe oír instrucciones procedentes de un organismo o entidad superior, la empatía exige un tono conversacional que dé lugar a un sentimiento de intercambio. En pocas palabras, los discursantes suelen tender a ser palabreros, mientras que los conferenciantes a ser conversadores. Los discursantes no acostumbran a hacer pausas, mientras que los conferenciantes hábiles insertan una extraordinaria variedad de pausas.

 

Nada de esto significa que la conferencia sea superior al discurso, o viceversa. Cada uno tiene su propio estilo y forma de llegar a la mente y corazón del oyente. En ocasiones, conviene presentar la información como un discurso, y otras, como una conferencia. Por eso, si las circunstancias lo permiten, se logran excelentes resultados combinando los estilos del discurso y la conferencia dentro de una misma presentación.

 

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Para una consideración de reacciones ante preguntas capciosas, manejo de la entrevista, improvisación, uso del micrófono y otros puntos interesantes, te animo a leer el manual "Sugerencias Para Aprender a Exponer en Público".

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¿Qué es un discurso?

©Miguel Ángel Ruiz Orbegoso

 

El Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia nos ayuda a entender que un discurso es la facultad de usar la mente (el razonamiento) para reflexionar o analizar los antecedentes, principios, indicios o señales de cualquier asunto con el fin de entenderlo. Cuando reflexionas, estás discursando, es decir, aplicando tu inteligencia, para entender un asunto y hasta para ser capaz de explicarlo inteligentemente a otras personas. Es una tarea que realizas en el interior de tu mente, una línea de razonamiento.

 

Ahora bien, cuando expones los resultados de esas reflexiones, ya sea ante una o varias personas, decimos que estás presentando un discurso público o delante de ellas, lo que significa que los que te escuchan usan su inteligencia para entender lo que dices. Ese es el sentido principal que le damos en Oratorianet.com para diferenciarla claramente de la conferencia.

 

Un discurso es una línea de razonamiento que te ayuda a discernir o entender un asunto, así como para explicarlo a otros. Cuando lo haces delante de otros se llama discurso público, para lo cual le añades un comienzo que despierta el interés en lo que dirás, y una conclusión que mueve a actuar.